La formación
continua es necesaria para mantener la competitividad de la empresa,
pero eso es algo que no siempre se ha entendido así. Las políticas
públicas de formación continua acercan este concepto a todas las
personas, aunque todavía existen muchas personas que desconocen el
tema. Estas políticas establecen el derecho a la formación por
parte de todos los trabajadores. Gracias al Acuerdo Nacional de
Formación Continua (ANFC) se ha aumentado el número de empresas que
llevan a cabo formación continua, destacando a las pequeñas
empresas, que solían dar menos importancia o les resultaba más
dificultoso seguir formándose. En esta línea debo decir que el
escaso desarrollo de la formación en la pequeña empresa puede
deberse a la falta de recursos, de profesionales que acerquen este
aprendizaje, de escasas ayudas públicas etc. Por todo esto pienso
que es fundamental que las instituciones públicas acerquen este
concepto a la pequeña empresa (Pineda Herrero, P, 2007).
Por otro lado creo
que en este punto cabe destacar como se analiza la proporción de
formación que se lleva a cabo, ya que en muchas ocasiones se pueden
obtener resultados erróneos y no mostrar la verdadera realidad de la
formación continua. Se analiza el dinero destinado a la formación,
los empleados que llevan a cabo la formación y los días en lo que
los trabajadores se forman. Sin embargo todo esto es bastante
relativo puesto que existen varias limitaciones a la hora de analizar
la formación como por ejemplo, que no todas las empresas informan
sobre el dinero que invierten en la formación, que muchas empresas
no distinguen cuales son las verdaderas actividades de formación o
incluso la inexistencia de un pacto para establecer una forma
concreta de calcular los costes de formación.
En concordancia
con esto debo decir que España es uno de los países de Europa que
menos invierte en formación (Pineda Herrero, P, 2007).
En las empresas
que se lleva a cabo la formación, normalmente, se da un alto
porcentaje de empleados que participan en ella, sin embargo debemos
diferenciar entre la pequeña y mediana empresa respecto a la gran
empresa, ya que en la pequeña el porcentaje de trabajadores que
realizan formación es mucho menor y no tiene ninguna proporción
respecto a la gran empresa (Pineda Herrero, P, 2007). Además, es importante destacar que la
formación varía mucho en función de el sector donde se trabaje,
por ejemplo la construcción es uno de los sectores que menos se
dedica a la formación, algo bastante reprochable pues son aquellos
que deberían formarse en mayor medida respecto a los temas de seguridad y primeros auxilios, aunque a mi parecer la
culpa no es de los trabajadores sino de los empresarios y las propias
instituciones públicas que son las que deben velar por la
estabilidad de las personas. En esta línea también me gustaría
decir que me parece bastante reprochable que las personas que estén
en puestos superiores accedan a la formación mucho más que las
personas que llevan a cabo labores subordinadas, ya que todas las
personas de las empresas son importantes. La empresa al fin y al cabo
es una cadena, si falla uno fallan todos así que lo que está
sucediendo me parece bastante indignante.
Por otra parte,
nos encontramos con las modalidades de formación, en la que se
destacan la formación interna y la externa, sobresaliendo la externa
por muy poco porcentaje. La formación intena es aquella que la
propia empresa realiza con la ayuda de un profesional que trabaja
para ella y la externa se trata de organizaciones propias que ofrecen
formación al resto de empresas.
También podemos
encontrarnos con nuevas modalidades de formación como pueden ser el
coaching y mentoring, que consiste en que el profesional realice su
actividad mientras que un experto le acompaña, la rotación de
puestos, que consiste en el intercambio de puestos con el fin de que
los empleados aprendan otras actividades necesaria para el desarrollo
de su labor, los círculos de calidad, que se refiere a desarrollar
el trabajo en equipo para mejorar el funcionamiento de la empresa y
la autoformación que consiste en formarse individualmente a través
de herramientas didácticas que ayuden a la persona en su proceso de
aprendizaje (Pineda Herrero, P, 2007).
Otra cuestión de
gran relevancia es el horario de la formación, es decir si debe ser
fuera o dentro del horario laboral, a mi parecer debería ser dentro
del horario laboral. Muchos expertos coinciden en que se deberían
combinar, pero teniendo en cuenta que la mayoría de las horas de
formación se darían dentro del horario laboral. Sin embargo yo debo
decir que nunca he estado a favor de los deberes y no creo que la
formación en casa se diferencie mucho de esto, a no ser, claro está,
que sea decisión propia del trabajador.
Es importante
hacer referencia que la gran empresa tiene más facilidad a la hora
de que la formación se de en el horario laboral que la pequeña y
mediana empresa. Esto se debe a que la ausencia de puestos de trabajo
en una gran empresa puede ser más fácilmente cubierta, mientas que
en la pequeña empresa es bastante difícil que los empleados que
realizan una labor concreta se encarguen de otra labor, no solo
por no saber ejercer el trabajo sino por el tiempo material que lleva
cada ocupación. En este caso pienso que las instituciones públicas
son las que deben abastecer de ayudas a las pequeñas y medianas
empresas (Pineda Herrero, P, 2007).
Por otro lado nos
encontramos con el proceso que se debe seguir para realizar la
formación. En primer lugar se deben detectar las necesidades de la
empresa, en segundo lugar se elabora el plan de formación, en tercer
lugar se lleva a cabo la formación planteada y finalmente se evalúa
esta formación y sus resultados. Para llevar a cabo este proceso es
importante que exista un departamento o una persona, en el caso de la
pequeña empresa, formados en el ámbito pedagógico, que gestione la
formación, ya que es bastante importante para mantener la calidad de
la empresa aunque muchos sean reacios a llevarlo a cabo. Destacando
el último punto del proceso de la formación, el que se refiere a la
evaluación, debo decir que es fundamental que las empresas empiecen
a darle más importancia a el nivel en el que mejora la calidad de la
empresa y el rendimiento de los trabajadores a la satisfacción de los trabajadores. No digo que la satisfacción de los trabajadores no sea
importante, simplemente creo que también se deberían evaluar los
resultados de la empresa gracias a la formación que realicen, pues
eso dará pistas para llevar a cabo posteriores cursos de formación (Pineda Herrero, P, 2007).
Por último, me
gustaría decir que a pesar de que la formación continua se está
extendiendo cada vez más en las empresas creo que todavía queda
bastante por mejorar y por entenderse. Todos los ciudadanos debemos
ser conscientes que la formación es la que nos dará estabilidad y
calidad en nuestro puesto de trabajo.