La formación
ha dejado de centrarse en la etapa inicial y ha comenzado a darle
importancia a la continuación de la enseñanza como medio para
favorecer la empleabilidad de las personas y la productividad en las
empresas. Este es un tema que he tocado en mi anterior entrada pero
creo que es fundamental que lo extienda con mayor intensidad
(Sánchez, P.J 2014).
Hace 40 años
el final de los estudios suponía la incorporación a un trabajo,
olvidándose por completo de la posibilidad de seguir aprendiendo.
También debemos tener en cuenta que hace 40 años los estudios te
aseguraban un trabajo, algo que en la actualidad se ha perdido, sin
embargo seguimos teniendo la idea sobre que a mayor formación, mejor
y mayores probabilidades tendremos de ser contratados, es decir, que
nuestra empleabilidad mejorará. Esto es cierto, mejoramos como
empleados, pero no nos damos cuenta que cuanto más tiempo le
dedicamos a la formación menos tiempo le dedicamos al trabajo,
trabajo que realizan otras personas, las cuáles tendrán una gran
experiencia. No quiero decir que la formación no sea necesaria, pero
si que me parece un dato bastante interesante, teniendo en cuenta que
en la mayoría de ofertas de empleo te piden experiencia mínima de
un año cuando, en realidad, no has tenido tiempo de trabajar debido
al tiempo que le dedicas a tu formación. En esta línea debo decir
que la experiencia es bastante importante, pero que es cierto que el
hecho de formarnos nos recompensará con un trabajo mejor, claro está
que esa recompensa no será inmediata (Sánchez, P.J 2014).
Desde mi
punto de vista estos tres conceptos están relacionados en el sentido
de que una favorece al otro, pues cuanto mayor sea tu formación,
mejores serán tu capacitación profesional y promoción personal, es
decir, lo que determina tu empleabilidad, y por consiguiente más
producirás en tu empresa. Debido a esto pienso que es importante que
debemos educar a las personas para su desarrollo, teniendo en cuenta
que el trabajo ocupa una parte muy importante de su vida y que
orientar hacia una buena actitud y compromiso con la actividad
laboral lo convertirá en una persona más feliz tanto en su vida
como en su trabajo, pues, además de educarlos en valores les
orientaremos hacia un trabajo que les llene, les interese y del que
sigan aprendiendo. Es importante no olvidarnos de las personas que ya
están trabajando, pues es fundamental seguir formándolos para
mejorar tanto su rendimiento en el trabajo como su actitud personal.
Desde la formación podemos favorecer a la sociedad mediante nuestro
trabajo en las empresas (Sánchez, P.J 2014).
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