La pedagogía laboral se
establece en el año 1993 en la universidad complutense, aunque debo
decir que su expansión todavía no se ha producido.
A los pedagogos sólo se
nos guía hacia la educación y nunca hacia la formación, cuando es
una de los sectores en los que más salidas profesionales tenemos.
Normalmente la idea que tenemos de las empresas es que está centrada
en un modelo capitalista e industrializado y, aunque yo piense que la
mayor parte de las empresas se siguen manteniendo en este modelo,
debo mencionar que muchas y muchos que trabajan en las empresas
quieren cambiarlo y que confío en que, poco a poco, lo conseguirán,
pues la verdad no puedo negar muchos de los cambios que se están
produciendo, aunque este claro que todavía quede bastante camino por
recorrer.
En este camino la
pedagogía tiene un papel fundamental, pues educar ya no es solo una
competencia de la escuela, sino que la empresa, la administración y
todos aquellos organismos en los que se pueda ejercer una ocupación
deben de procurar seguir desarrollando personal y profesionalmente a
las personas que se encuentran en la sociedad, tanto a los
trabajadores como a los desempleados.
En las empresas
tradicionales lo único que importaba era la productividad, lo que
era capaz de producir un trabajador, sin embargo, hoy en día las
empresas se preocupan cada vez más por el desarrollo personal y
profesional del trabajador, porque entienden que cuánto más felices
son y más preparados están, más eficaz y mayor será su
productividad. En general el objetivo es el mismo, pero, es indudable
que a las empresas ha comenzado a importarle sus empleados, algo que
debemos reconocer aquellos que somos más críticos con el
funcionamiento de las empresas ( Sánchez, P.J 2014); Aunque, debo
decir que a pesar de la mayor importancia que les dan a sus
empleados, desde mi punto de vista, la empresa sigue siendo en muchas
ocasiones amoral, pues podemos ver como fomentan la competitividad y
la individualidad. Podemos llegar a pensar que una competitividad
sana no hace daño a nadie pero, la realidad es que se fomenta entre
los propios empleados, sobretodo cuando se trata de vender productos.
Disponen de numerosas herramientas para que los trabajadores se
sientan mal si venden poco, sin tener en cuenta, que en realidad el
numero de ventas no tienen que ver con la calidad de la venta o que
siempre habrá alguien que venda más que otro.
Esto se debe en mi opinión
a dos causas principales, en primer lugar por el hecho de que nos
encontramos en una sociedad capitalista en la que competimos los unos
con los otros para lograr nuestros propios beneficios sin importar el
como y, en segundo lugar, porque muchas empresas adquieren esta
cultura arraigada en la competencia y en la frialdad y es bastante
difícil conseguir que cambie, aunque como he dicho antes espero que
la situación cambie.
Volviendo a comparar la
situación actual frente a la antigüedad, debemos tener en cuenta
que anteriormente primaba la cantidad respecto a la calidad, por lo
que la formación era totalmente mecánica y sólo importaba el
aprendizaje exclusivo de aquello en lo que se tenía que trabajar,
mientras que hoy en día la formación pretende cubrir un amplio
abanico de posibilidades como puede ser el desarrollo personal del
trabajador, el conocimiento profundo de su empresa, la participación
activa del trabajador en la empresa, la adquisición de diversas
competencias con el fin de que se convierta en un trabajador con
múltiples recursos y habilidades... Esto provoca que no sea tan
fácil prescindir de un trabajador, algo que creo que es bastante
positivo para cualquier empleado. En esta línea, debo decir que el
modelo antiguo está decayendo cada vez más y que en la actualidad,
la empresa se dedica más a la aceptación y el reconocimiento por
parte del cliente, por lo que la empresa debe asegurarse de que los
productos sean de calidad y al gusto de los clientes. (Sánchez, P.J
2014). Ésto, además, implica que los trabajadores sepan anticiparse
a las necesidades del cliente, a lo que quieren y a saber mostrarles
aquello que, aunque no conozcan, sea adecue más a sus intereses y
requisitos. Para esto es importante saber innovar, aunque hoy en día
existan todo tipo de cosas, siempre hay algo que añadir o algo que
mejorar para poder conseguir una mayor satisfacción en el cliente.
Esto se encuentra en concordancia con el hecho de que no es tan
importante la competitividad como el hecho de crear productos
verdaderamente útiles, válidos y eficaces. La calidad de los
productos de las empresas debe de ser uno de los factores
fundamentales en las industrias, por lo que no se deben olvidar de
los personas que elaboran estos productos, ni de los que los diseñan,
ni de aquellos que los venden. Se debe apreciar que una empresa es
una cadena y tener en cuenta a cada uno de los miembros que
pertenecen a ésta, pues si no se tienen en cuenta me temo que las
empresas no se mantendrán (Jobs, S).
Por otro lado, las
empresas se han dotado de nuevas competencias que cumplir, debido a
su avance y al cambio en la sociedad; Ya no basta con crear
productos, sino que hace falta la publicidad, formar a los creadores,
a los que venden el producto... Por ello, la formación deja de
centrarse en aspectos materiales y se centra en los numerosos
aspectos que debe cubrir la empresa, además de los que convierten a
sus empleados en trabajadores cualificados, no solo en esencia sino
también en apariencia, pues realmente las empresas suelen vender su
imagen, ya sea la real o no. Con esto último no quiero decir que la
formación se centra en aspectos superficiales, sino que en varias
ocasiones, los cursos se realizan para tenerlo de cara al público,
aunque los mismo empresarios sepan que muchos de los cursos de
formación que se ofrecen no son realmente eficaces, pero esto es
algo que explicaré más en profundidad cuando realice otras entradas
centradas en la formación (Sánchez, P.J 2014).
Durante la modernidad el
trabajo era llevado a cabo por simple obligación y necesidad y las
empresas no le daban apenas importancia a sus trabajadores, al llegar
la postmodernidad esto comenzó ha cambiar. Aunque se siga
manteniendo el hecho de que se trabaja para sobrevivir, en muchas
ocasiones y para ciertas personas, su trabajo les gusta y les
configura su identidad y, además, las empresas están empezando a
incluir a todos sus trabajadores como una parte fundamental de su
empresas y a reconocer su trabajo (Sánchez, P.J 2014).