domingo, 12 de abril de 2015

Pedagogía laboral: historia, conceptos y situación actual de las organizaciones

La pedagogía laboral se establece en el año 1993 en la universidad complutense, aunque debo decir que su expansión todavía no se ha producido.
A los pedagogos sólo se nos guía hacia la educación y nunca hacia la formación, cuando es una de los sectores en los que más salidas profesionales tenemos. Normalmente la idea que tenemos de las empresas es que está centrada en un modelo capitalista e industrializado y, aunque yo piense que la mayor parte de las empresas se siguen manteniendo en este modelo, debo mencionar que muchas y muchos que trabajan en las empresas quieren cambiarlo y que confío en que, poco a poco, lo conseguirán, pues la verdad no puedo negar muchos de los cambios que se están produciendo, aunque este claro que todavía quede bastante camino por recorrer.
En este camino la pedagogía tiene un papel fundamental, pues educar ya no es solo una competencia de la escuela, sino que la empresa, la administración y todos aquellos organismos en los que se pueda ejercer una ocupación deben de procurar seguir desarrollando personal y profesionalmente a las personas que se encuentran en la sociedad, tanto a los trabajadores como a los desempleados.

En las empresas tradicionales lo único que importaba era la productividad, lo que era capaz de producir un trabajador, sin embargo, hoy en día las empresas se preocupan cada vez más por el desarrollo personal y profesional del trabajador, porque entienden que cuánto más felices son y más preparados están, más eficaz y mayor será su productividad. En general el objetivo es el mismo, pero, es indudable que a las empresas ha comenzado a importarle sus empleados, algo que debemos reconocer aquellos que somos más críticos con el funcionamiento de las empresas ( Sánchez, P.J 2014); Aunque, debo decir que a pesar de la mayor importancia que les dan a sus empleados, desde mi punto de vista, la empresa sigue siendo en muchas ocasiones amoral, pues podemos ver como fomentan la competitividad y la individualidad. Podemos llegar a pensar que una competitividad sana no hace daño a nadie pero, la realidad es que se fomenta entre los propios empleados, sobretodo cuando se trata de vender productos. Disponen de numerosas herramientas para que los trabajadores se sientan mal si venden poco, sin tener en cuenta, que en realidad el numero de ventas no tienen que ver con la calidad de la venta o que siempre habrá alguien que venda más que otro.
Esto se debe en mi opinión a dos causas principales, en primer lugar por el hecho de que nos encontramos en una sociedad capitalista en la que competimos los unos con los otros para lograr nuestros propios beneficios sin importar el como y, en segundo lugar, porque muchas empresas adquieren esta cultura arraigada en la competencia y en la frialdad y es bastante difícil conseguir que cambie, aunque como he dicho antes espero que la situación cambie.


Volviendo a comparar la situación actual frente a la antigüedad, debemos tener en cuenta que anteriormente primaba la cantidad respecto a la calidad, por lo que la formación era totalmente mecánica y sólo importaba el aprendizaje exclusivo de aquello en lo que se tenía que trabajar, mientras que hoy en día la formación pretende cubrir un amplio abanico de posibilidades como puede ser el desarrollo personal del trabajador, el conocimiento profundo de su empresa, la participación activa del trabajador en la empresa, la adquisición de diversas competencias con el fin de que se convierta en un trabajador con múltiples recursos y habilidades... Esto provoca que no sea tan fácil prescindir de un trabajador, algo que creo que es bastante positivo para cualquier empleado. En esta línea, debo decir que el modelo antiguo está decayendo cada vez más y que en la actualidad, la empresa se dedica más a la aceptación y el reconocimiento por parte del cliente, por lo que la empresa debe asegurarse de que los productos sean de calidad y al gusto de los clientes. (Sánchez, P.J 2014). Ésto, además, implica que los trabajadores sepan anticiparse a las necesidades del cliente, a lo que quieren y a saber mostrarles aquello que, aunque no conozcan, sea adecue más a sus intereses y requisitos. Para esto es importante saber innovar, aunque hoy en día existan todo tipo de cosas, siempre hay algo que añadir o algo que mejorar para poder conseguir una mayor satisfacción en el cliente. Esto se encuentra en concordancia con el hecho de que no es tan importante la competitividad como el hecho de crear productos verdaderamente útiles, válidos y eficaces. La calidad de los productos de las empresas debe de ser uno de los factores fundamentales en las industrias, por lo que no se deben olvidar de los personas que elaboran estos productos, ni de los que los diseñan, ni de aquellos que los venden. Se debe apreciar que una empresa es una cadena y tener en cuenta a cada uno de los miembros que pertenecen a ésta, pues si no se tienen en cuenta me temo que las empresas no se mantendrán (Jobs, S).

Por otro lado, las empresas se han dotado de nuevas competencias que cumplir, debido a su avance y al cambio en la sociedad; Ya no basta con crear productos, sino que hace falta la publicidad, formar a los creadores, a los que venden el producto... Por ello, la formación deja de centrarse en aspectos materiales y se centra en los numerosos aspectos que debe cubrir la empresa, además de los que convierten a sus empleados en trabajadores cualificados, no solo en esencia sino también en apariencia, pues realmente las empresas suelen vender su imagen, ya sea la real o no. Con esto último no quiero decir que la formación se centra en aspectos superficiales, sino que en varias ocasiones, los cursos se realizan para tenerlo de cara al público, aunque los mismo empresarios sepan que muchos de los cursos de formación que se ofrecen no son realmente eficaces, pero esto es algo que explicaré más en profundidad cuando realice otras entradas centradas en la formación (Sánchez, P.J 2014).


Durante la modernidad el trabajo era llevado a cabo por simple obligación y necesidad y las empresas no le daban apenas importancia a sus trabajadores, al llegar la postmodernidad esto comenzó ha cambiar. Aunque se siga manteniendo el hecho de que se trabaja para sobrevivir, en muchas ocasiones y para ciertas personas, su trabajo les gusta y les configura su identidad y, además, las empresas están empezando a incluir a todos sus trabajadores como una parte fundamental de su empresas y a reconocer su trabajo (Sánchez, P.J 2014).

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